En una ciudad bulliciosa, vivían dos comerciantes. Uno de ellos, llamado Haste, corría al mercado todos los días, comprando monedas cuando todos gritaban sobre los precios al alza y vendiéndolas en pánico cuando los precios comenzaban a caída. Su tienda siempre estaba vacía y sus bolsillos estaban o rebosantes o completamente vacíos. El otro comerciante, llamado Paciencia, nunca tuvo prisa. Observaba el mercado, estudiaba dónde estaba el verdadero valor y compraba monedas cuando el mercado estaba tranquilo y todos los demás estaban llenos de dudas. Las mantuvo, confiando en su futuro. El tiempo pasó y Haste se quedó sin nada, cansado y desanimado. Mientras tanto, Patience se convirtió en un hombre rico, aunque su riqueza no era solo en oro sino en sabiduría. Cuando los estudiantes preguntaron a Patience: — ¿Cómo tuviste éxito? Él respondió: — El mercado es como el mar. La prisa se ahoga en sus olas, pero la paciencia espera la marea.
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La Parábola de Dos Comerciantes
En una ciudad bulliciosa, vivían dos comerciantes. Uno de ellos, llamado Haste, corría al mercado todos los días, comprando monedas cuando todos gritaban sobre los precios al alza y vendiéndolas en pánico cuando los precios comenzaban a caída. Su tienda siempre estaba vacía y sus bolsillos estaban o rebosantes o completamente vacíos.
El otro comerciante, llamado Paciencia, nunca tuvo prisa. Observaba el mercado, estudiaba dónde estaba el verdadero valor y compraba monedas cuando el mercado estaba tranquilo y todos los demás estaban llenos de dudas. Las mantuvo, confiando en su futuro.
El tiempo pasó y Haste se quedó sin nada, cansado y desanimado. Mientras tanto, Patience se convirtió en un hombre rico, aunque su riqueza no era solo en oro sino en sabiduría.
Cuando los estudiantes preguntaron a Patience:
— ¿Cómo tuviste éxito?
Él respondió:
— El mercado es como el mar. La prisa se ahoga en sus olas, pero la paciencia espera la marea.