Últimamente, ver las opciones parece un poco como mirar una aplicación de comida a domicilio: el comprador compra la “esperanza de que pueda revertir la situación”, el vendedor vende “el tiempo que me ayuda a agotar esa esperanza”. El valor temporal, en pocas palabras, es como que te cobra un impuesto diario por las emociones... Como comprador, aunque la dirección sea correcta, también tienes que correr lo suficientemente rápido, o de lo contrario, el tiempo te lo comerá lentamente; como vendedor, es genial, pero cuando hay una gran volatilidad repentina, es como quitar la tapa de la olla y salpicar aceite en toda la cara.



Justo en ese momento, antes de la actualización/mantenimiento de esa cadena principal, en el grupo vuelven a especular si migrarán o no, y siento que esta incertidumbre es la que más disfruta del valor temporal: todos quieren apostar a que “ocurrirá algo o no ocurrirá nada”. Por ahora, lo que me importa más es si la IV (volatilidad implícita, en términos simples, es como que el mercado está valorando el pánico) ha sido demasiado inflada, si está demasiado alta, ya no quiero ser esa persona que paga el impuesto emocional. Por ahora, eso es todo, luego dibujaré la gráfica.
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