Últimamente siempre están hablando de disponibilidad de datos, orden y finalidad, suena como un mantra.


En realidad, hay una línea principal: ¿en quién confías para “llevar la contabilidad” y “no modificar los registros”?
La disponibilidad de datos es como si el libro de cuentas estuviera abierto a todos;
el orden es quién mete primero esa transacción, a veces con algo de interés personal;
la finalidad es más directa: ¿puede esa cuenta ser revertida?
Cuantos más términos hay, más fácil es esconder el “costo de confianza”.

La pelea por las monedas de privacidad y las monedas mezcladas me da dolor de cabeza,
unos dicen que la privacidad es un derecho, otros que la conformidad es la línea base…
Al final, en las transacciones, sigue siendo quién puede congelar, quién puede rastrear, quién se atreve a cargar con la culpa.
En los contratos perpetuos, solo miro dos cosas: la tasa de financiamiento y la naturaleza humana,
cuando la tasa sube, la gente empieza a hacerse la ciega.

Yo más bien pregunto primero: “¿Cuál sería la peor forma en que esto me puede engañar?”,
en lugar de preguntar “¿Qué tan grande es su visión?”.
Así de momento.
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