He notado una historia interesante sobre cómo Gwynne Shotwell, presidenta de SpaceX, en realidad mantiene la compañía en equilibrio antes de una de las IPO más grandes de la historia. La mujer lleva 25 años junto a Musk, lo cual por sí solo impresiona, considerando que la mayoría no soporta ni un par de años en su entorno.



Su trabajo principal es resolver conflictos constantemente. Musk dice algo brusco a los funcionarios de la NASA, amenaza con detener los suministros a la ISS, y luego Shotwell pasa horas explicándole a los funcionarios del gobierno que la compañía tiene todo bajo control y que no hay que preocuparse. Incluso el ex director de la NASA, Bill Nelson, dice que confía más en ella que en muchos políticos.

Lo interesante es que no es simplemente una gerente de nivel medio. Desde 2008, cuando Musk la nombró presidenta de (, en ese mismo año SpaceX obtuvo un contrato con la NASA por 1.6 mil millones de dólares), Shotwell gestiona prácticamente todas las operaciones. Bajo su liderazgo, la compañía lanzó astronautas desde tierra estadounidense por primera vez en 9 años, creó Starlink, la red de satélites más grande del mundo, y aprendió a reutilizar los aceleradores de cohetes cientos de veces.

Pero lo difícil es que ella también defiende la cultura intensa de SpaceX, donde los ingenieros jóvenes enfrentan tareas complejas y algunos se queman. Cuando los empleados se quejaron de problemas de acoso, Shotwell se puso del lado de la compañía, y varias personas perdieron sus empleos. Personas que la conocen dicen que ella sabe exactamente qué batallas puede ganar contra Musk y cuáles no.

Ahora enfrenta el mayor desafío: preparar a SpaceX para su IPO en 2026. Esto podría ser la mayor colocación en la historia, con una valoración de 1.5 billones de dólares. La compañía ha entrado en modo de silencio: a los empleados se les prohibió hablar sobre la cotización. Shotwell debe convencer a los inversores de que Starship, (el cohete de dos etapas), funciona de manera confiable, aunque el año pasado sufrió tres fallos. Además, la compañía gastó más de 20 mil millones de dólares en espectro inalámbrico, y eso hay que explicarlo a los accionistas públicos.

Le ha logrado mantener a la gente en la empresa: ingenieros como Mark Hunkosu y la vicepresidenta de Starlink, Lauren Dreyer, permanecen durante años. Los colegas dicen que Gwynne Shotwell siempre interviene donde más ayuda necesita la compañía. Pero lo principal es que lo hace con calma, tras bambalinas, sin mucho ruido. Esto, parece, es su principal arma de cara a la IPO.
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