En China, la cultura social y cultural ha enfatizado durante mucho tiempo la prioridad de la responsabilidad, la prioridad del colectivo y la satisfacción diferida, estableciendo "primero el sufrimiento, luego la dulzura" como una trayectoria de vida predeterminada, haciendo que los individuos sean entrenados desde pequeños para operar centrados en el aprendizaje, el trabajo, la familia y el futuro, mientras que consideran el disfrute del presente como algo secundario o incluso con sensación de vergüenza. El resultado es que la estructura de vida de muchas personas está diseñada para soportar continuamente responsabilidades y posponer la felicidad, formando un estado de "vivir siempre para el futuro", pero esa felicidad futura no necesariamente llega realmente, o incluso cuando llega, el individuo puede ya haber perdido la capacidad de experimentarla (tiempo, energía o deseo). En esta estructura, lo que se llama "esfuerzo y responsabilidad" no conduce necesariamente a una mejor calidad de vida, sino que puede hacer que las personas caigan en un estado de opresión prolongada, retraso de la felicidad o incluso desaparición de esta, y el problema esencial no radica en si son diligentes, sino en que esta cultura predeterminada mantiene a los individuos atados continuamente a un sistema de responsabilidades, haciendo que tengan muy poca autonomía real para decidir sobre su propio ritmo de vida y distribución de la felicidad.

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