Hay una cosa en realidad que muchas personas no piensan profundamente: esa energía de “poder crear algo” que llevas contigo no es una configuración fija de nacimiento — es como una plastilina que puedes moldear en cualquier forma.
No se trata de esa idea vaga de “don”, sino de algo real: por ejemplo, si piensas que no tienes buena expresión oral, en realidad es que no has puesto tu atención en “cómo comunicarte para llegar al corazón de los demás”; si dices que no tienes creatividad, probablemente es porque el tiempo que pasas en el teléfono ha diluido esa energía de “fijarse en un punto y pensar”.
Es como los programas en segundo plano de tu teléfono: si tienes demasiados, incluso la máquina más potente se ralentiza. Pero si eliminas todo ese desorden de “no puedo” y “es muy complicado”, dejando solo un “ahora quiero entender esto”, esa energía puede sorprenderte a ti mismo.
¿Alguna vez has tenido ese momento de “perder la noción del tiempo”? Por ejemplo, estar sentado frente a la mesa modificando un plan, hasta que levantas la cabeza y ya está oscuro afuera, pero no te cansas y además te sientes genial — eso no es “concentración”, es que has moldeado esa “energía” en la forma de “resolver este problema”.
No creas en esa idea de “no soy de esta clase”, eso es solo una etiqueta que te pones tú mismo; al quitarla, te darás cuenta de lo brillante que puede ser la pantalla. Primero debes concentrar esa atención en un punto preciso, en un asunto concreto, y si logras penetrar en él, esa energía naturalmente crecerá en la forma que tú deseas.
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Hay una cosa en realidad que muchas personas no piensan profundamente: esa energía de “poder crear algo” que llevas contigo no es una configuración fija de nacimiento — es como una plastilina que puedes moldear en cualquier forma.
No se trata de esa idea vaga de “don”, sino de algo real: por ejemplo, si piensas que no tienes buena expresión oral, en realidad es que no has puesto tu atención en “cómo comunicarte para llegar al corazón de los demás”; si dices que no tienes creatividad, probablemente es porque el tiempo que pasas en el teléfono ha diluido esa energía de “fijarse en un punto y pensar”.
Es como los programas en segundo plano de tu teléfono: si tienes demasiados, incluso la máquina más potente se ralentiza. Pero si eliminas todo ese desorden de “no puedo” y “es muy complicado”, dejando solo un “ahora quiero entender esto”, esa energía puede sorprenderte a ti mismo.
¿Alguna vez has tenido ese momento de “perder la noción del tiempo”? Por ejemplo, estar sentado frente a la mesa modificando un plan, hasta que levantas la cabeza y ya está oscuro afuera, pero no te cansas y además te sientes genial — eso no es “concentración”, es que has moldeado esa “energía” en la forma de “resolver este problema”.
No creas en esa idea de “no soy de esta clase”, eso es solo una etiqueta que te pones tú mismo; al quitarla, te darás cuenta de lo brillante que puede ser la pantalla. Primero debes concentrar esa atención en un punto preciso, en un asunto concreto, y si logras penetrar en él, esa energía naturalmente crecerá en la forma que tú deseas.