La reciente tendencia radical en las políticas económicas de Estados Unidos ha despertado la atención del mercado. Para ganar votos, las elecciones presidenciales estadounidenses se han convertido gradualmente en una competencia por el bienestar, con una lista de políticas llena de promesas que abordan directamente los puntos sensibles de la población: limitar las tasas de interés de las tarjetas de crédito al 10 %, prohibir a las instituciones comprar viviendas unifamiliares, invertir 200 mil millones de dólares para reducir las tasas hipotecarias, además de repartir cheques de aranceles a los votantes. Lo que es aún más preocupante es la presión para que la Reserva Federal reduzca las tasas al 1 % en 2026, lo que implica intentar estimular la economía mediante una liquidez extremadamente flexible, ignorando por completo la lógica económica básica.
Este patrón no es nuevo. Los políticos de países en desarrollo han seguido rutas similares: por ventajas electorales a corto plazo, ignorando la situación fiscal, emitiendo más dinero y ampliando los beneficios para complacer a los votantes. ¿Y los resultados? Emisión excesiva de dinero, desequilibrio fiscal, inflación galopante y estancamiento económico a largo plazo. Argentina cayó en un pantano inflacionario por una expansión fiscal excesiva, y Venezuela colapsó su economía debido a políticas de bienestar excesivas — estas son lecciones ya conocidas.
Pero ahora Estados Unidos repite esta historia. La deuda federal en relación con el PIB ha superado el 130 %, y solo en intereses se gastan más de 1.1 billones de dólares al año, lo que representa el 15 % del gasto fiscal federal. Con una deuda tan elevada, ¿cómo se cubre el déficit? Solo queda emitir más bonos del Estado. Esto crea un ciclo vicioso: emisión de bonos para cubrir el déficit → aumento de la deuda → emisión continua de bonos.
¿Y qué significa esto para el mundo de las criptomonedas? La Reserva Federal se ve obligada a mantener tasas bajas, lo que provoca una liquidez desbordante. A corto plazo, esto puede sostener los precios de los activos, pero la presión inflacionaria a largo plazo y el riesgo de crisis de deuda no desaparecerán, solo se retrasarán. El mercado debe prepararse para la posible volatilidad que puede traer este cambio de política.
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La reciente tendencia radical en las políticas económicas de Estados Unidos ha despertado la atención del mercado. Para ganar votos, las elecciones presidenciales estadounidenses se han convertido gradualmente en una competencia por el bienestar, con una lista de políticas llena de promesas que abordan directamente los puntos sensibles de la población: limitar las tasas de interés de las tarjetas de crédito al 10 %, prohibir a las instituciones comprar viviendas unifamiliares, invertir 200 mil millones de dólares para reducir las tasas hipotecarias, además de repartir cheques de aranceles a los votantes. Lo que es aún más preocupante es la presión para que la Reserva Federal reduzca las tasas al 1 % en 2026, lo que implica intentar estimular la economía mediante una liquidez extremadamente flexible, ignorando por completo la lógica económica básica.
Este patrón no es nuevo. Los políticos de países en desarrollo han seguido rutas similares: por ventajas electorales a corto plazo, ignorando la situación fiscal, emitiendo más dinero y ampliando los beneficios para complacer a los votantes. ¿Y los resultados? Emisión excesiva de dinero, desequilibrio fiscal, inflación galopante y estancamiento económico a largo plazo. Argentina cayó en un pantano inflacionario por una expansión fiscal excesiva, y Venezuela colapsó su economía debido a políticas de bienestar excesivas — estas son lecciones ya conocidas.
Pero ahora Estados Unidos repite esta historia. La deuda federal en relación con el PIB ha superado el 130 %, y solo en intereses se gastan más de 1.1 billones de dólares al año, lo que representa el 15 % del gasto fiscal federal. Con una deuda tan elevada, ¿cómo se cubre el déficit? Solo queda emitir más bonos del Estado. Esto crea un ciclo vicioso: emisión de bonos para cubrir el déficit → aumento de la deuda → emisión continua de bonos.
¿Y qué significa esto para el mundo de las criptomonedas? La Reserva Federal se ve obligada a mantener tasas bajas, lo que provoca una liquidez desbordante. A corto plazo, esto puede sostener los precios de los activos, pero la presión inflacionaria a largo plazo y el riesgo de crisis de deuda no desaparecerán, solo se retrasarán. El mercado debe prepararse para la posible volatilidad que puede traer este cambio de política.