La empresa The Metals Company (NASDAQ: TMC) está persiguiendo algo que la mayoría de los mineros nunca intentará: extraer miles de millones de toneladas de nódulos polimetálicos de 4 a 6 kilómetros bajo el océano Pacífico. Ubicada en la Zona de Clarion Clipperton (CCZ), una región rica en minerales entre Hawái y México, estas rocas del tamaño de una papa están cargadas de níquel, cobre, cobalto y manganeso. Los investigadores estiman que los nódulos en esta zona podrían valer hasta $20 billones. Los derechos exploratorios de TMC en su área designada podrían valorarse en alrededor de $24 mil millones, una cifra convincente cuando la capitalización de mercado actual de la empresa se sitúa cerca de $3 mil millones.
Esa enorme brecha de valoración explica por qué las acciones de TMC han aumentado casi un 500% en 2025. En teoría, los números parecen irresistibles.
Vientos favorables regulatorios, pero quedan preguntas
Aquí es donde las cosas se complican. TMC se encuentra atrapada entre dos realidades regulatorias. La Autoridad Internacional del Fondo Marino (ISA), un organismo respaldado por la ONU, ha estado redactando un “código de minería” durante más de una década para gobernar las operaciones en aguas internacionales. Las preocupaciones ambientales y las disputas internas han detenido el progreso, dejando a TMC en un limbo regulatorio.
Pero hay una fuerza en contra en juego. Estados Unidos nunca ratificó el tratado que establece la ISA y está trazando su propio rumbo. En abril de 2025, la administración Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar los permisos para la minería del lecho marino. Este movimiento le dio a los operadores con sede en EE. UU. una ventaja potencial. Aunque TMC está incorporada en Canadá, su subsidiaria con sede en EE. UU. la posicionó para solicitar permisos bajo la ley estadounidense. En agosto de 2025, NOAA confirmó que la solicitud de TMC USA cumplía totalmente con los requisitos y la avanzó a una etapa de certificación, un proceso que se espera que dure alrededor de 100 días.
El Estrés Financiero y el Desafío del Cronograma
Antes de celebrar, los inversores deben enfrentar dos duras realidades: el cronograma y el capital.
TMC no espera que la producción comercial comience hasta finales de 2027, lo que significa hasta dos años sin generación de ingresos. Mientras tanto, la empresa tenía aproximadamente $116 millones en efectivo a mediados de 2025, registró una pérdida operativa de $22 millones y quema aproximadamente $10 millones por trimestre. Construir una infraestructura de minería en aguas profundas requiere un gasto sustancial en equipos especializados y tecnología hidrometalúrgica. Es casi inevitable una futura ampliación de capital.
La Apuesta de Productos
La propuesta de valor de TMC se basa en suposiciones frágiles. Las valoraciones de los nódulos dependen completamente de la demanda futura de metales para baterías. Pero, ¿qué pasa si la química de las baterías de vehículos eléctricos cambia? ¿Qué pasa si el cobalto y el níquel se vuelven menos críticos, o si surgen alternativas al cobre? Por el contrario, un aumento impulsado por la inteligencia artificial en la demanda de cobre o escasez inesperada de níquel podrían potenciar enormemente el valor del activo.
Este resultado binario—una gran ganancia o una erosión significativa—es precisamente la razón por la cual TMC sigue siendo una inversión especulativa de alto riesgo, inadecuada para inversores conservadores.
La conclusión
La Zona de Clipperton de Clarion representa una verdadera oportunidad, y la posición de TMC dentro de los marcos regulatorios de EE. UU. es ventajosa. Los números son ciertamente tentadores. Sin embargo, la empresa enfrenta un período de varios años con ingresos mínimos, requisitos de capital sustanciales y una valoración dependiente de las condiciones del mercado de commodities que pueden cambiar de manera impredecible. Esta es una apuesta en la ejecución tecnológica, la aprobación regulatoria y la demanda favorable de metales; no una certeza.
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Sueños vs. Realidad de la Minería en Profundidad: ¿Vale la Pena Prestar Atención a The Metals Company?
El Premio Bajo el Océano
La empresa The Metals Company (NASDAQ: TMC) está persiguiendo algo que la mayoría de los mineros nunca intentará: extraer miles de millones de toneladas de nódulos polimetálicos de 4 a 6 kilómetros bajo el océano Pacífico. Ubicada en la Zona de Clarion Clipperton (CCZ), una región rica en minerales entre Hawái y México, estas rocas del tamaño de una papa están cargadas de níquel, cobre, cobalto y manganeso. Los investigadores estiman que los nódulos en esta zona podrían valer hasta $20 billones. Los derechos exploratorios de TMC en su área designada podrían valorarse en alrededor de $24 mil millones, una cifra convincente cuando la capitalización de mercado actual de la empresa se sitúa cerca de $3 mil millones.
Esa enorme brecha de valoración explica por qué las acciones de TMC han aumentado casi un 500% en 2025. En teoría, los números parecen irresistibles.
Vientos favorables regulatorios, pero quedan preguntas
Aquí es donde las cosas se complican. TMC se encuentra atrapada entre dos realidades regulatorias. La Autoridad Internacional del Fondo Marino (ISA), un organismo respaldado por la ONU, ha estado redactando un “código de minería” durante más de una década para gobernar las operaciones en aguas internacionales. Las preocupaciones ambientales y las disputas internas han detenido el progreso, dejando a TMC en un limbo regulatorio.
Pero hay una fuerza en contra en juego. Estados Unidos nunca ratificó el tratado que establece la ISA y está trazando su propio rumbo. En abril de 2025, la administración Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar los permisos para la minería del lecho marino. Este movimiento le dio a los operadores con sede en EE. UU. una ventaja potencial. Aunque TMC está incorporada en Canadá, su subsidiaria con sede en EE. UU. la posicionó para solicitar permisos bajo la ley estadounidense. En agosto de 2025, NOAA confirmó que la solicitud de TMC USA cumplía totalmente con los requisitos y la avanzó a una etapa de certificación, un proceso que se espera que dure alrededor de 100 días.
El Estrés Financiero y el Desafío del Cronograma
Antes de celebrar, los inversores deben enfrentar dos duras realidades: el cronograma y el capital.
TMC no espera que la producción comercial comience hasta finales de 2027, lo que significa hasta dos años sin generación de ingresos. Mientras tanto, la empresa tenía aproximadamente $116 millones en efectivo a mediados de 2025, registró una pérdida operativa de $22 millones y quema aproximadamente $10 millones por trimestre. Construir una infraestructura de minería en aguas profundas requiere un gasto sustancial en equipos especializados y tecnología hidrometalúrgica. Es casi inevitable una futura ampliación de capital.
La Apuesta de Productos
La propuesta de valor de TMC se basa en suposiciones frágiles. Las valoraciones de los nódulos dependen completamente de la demanda futura de metales para baterías. Pero, ¿qué pasa si la química de las baterías de vehículos eléctricos cambia? ¿Qué pasa si el cobalto y el níquel se vuelven menos críticos, o si surgen alternativas al cobre? Por el contrario, un aumento impulsado por la inteligencia artificial en la demanda de cobre o escasez inesperada de níquel podrían potenciar enormemente el valor del activo.
Este resultado binario—una gran ganancia o una erosión significativa—es precisamente la razón por la cual TMC sigue siendo una inversión especulativa de alto riesgo, inadecuada para inversores conservadores.
La conclusión
La Zona de Clipperton de Clarion representa una verdadera oportunidad, y la posición de TMC dentro de los marcos regulatorios de EE. UU. es ventajosa. Los números son ciertamente tentadores. Sin embargo, la empresa enfrenta un período de varios años con ingresos mínimos, requisitos de capital sustanciales y una valoración dependiente de las condiciones del mercado de commodities que pueden cambiar de manera impredecible. Esta es una apuesta en la ejecución tecnológica, la aprobación regulatoria y la demanda favorable de metales; no una certeza.