El futuro de doble filo: Llevar las fintech a la cadena | Opinión

Durante años, la cripto prometió democratizar las finanzas, bancar a los no bancarizados, hacer las finanzas más inclusivas. Pero si somos honestos, esa promesa en gran medida ha quedado en lo rhetorical. La tecnología blockchain revolucionó la liquidación y la propiedad, sin embargo la mayoría del mundo aún realiza sus operaciones bancarias, inversiones y transacciones en los mismos sistemas de siempre. La brecha entre la economía cripto y los mercados de capital persiste, y no es por falta de interés sino por la ausencia de un puente.

Resumen

  • La promesa de la cripto se detuvo debido a un puente faltante: las finanzas no han migrado a la cadena a gran escala porque los mercados de capital y blockchain permanecen desconectados, no por falta de interés.
  • La adopción depende de la confianza y la usabilidad: una experiencia de fintech sin fisuras, claridad regulatoria y modelos híbridos onchain son esenciales para ampliar el acceso sin aumentar el riesgo.
  • El futuro está en la onchain, no en “cripto”: las finanzas se fusionarán discretamente en un sistema programable y conforme a la normativa donde la brecha entre TradFi y cripto desaparece.

Ese puente comienza a tomar forma. Estamos entrando en una era donde fintech y blockchain se encuentran — donde las finanzas migran a la onchain. La pregunta no es si esta convergencia sucederá, sino cómo. Y si realmente hará los mercados de capital más accesibles o simplemente reproducirá sus desigualdades bajo una nueva bandera digital.

La promesa: Mercados de capital sin gatekeepers

La lógica fundamental de blockchain se alinea con lo que fintech ha estado persiguiendo durante décadas: eficiencia, transparencia y accesibilidad. Llevar los mercados de capital a la cadena podría, en teoría, ofrecer las tres a la vez.

La tokenización de activos del mundo real permite que todo, desde bonos hasta bienes raíces, sea fraccionado y comerciado con la misma facilidad que tokens digitales. La liquidación podría ser instantánea. La custodia, simplificada. El cumplimiento, si se construye correctamente, podría convertirse en programable.

Para los usuarios minoristas, esto podría significar una participación genuina en mercados anteriormente cerrados para ellos: acceso a crédito, rendimiento y activos diversificados sin intermediarios que se queden con la mayor parte del margen. Para las instituciones, puede significar reducción de costos, liquidez global y productos financieros composables que se liquidan en segundos en lugar de días.

Ese es el sueño: un mercado de capital abierto, transparente, programable que funcione sobre vías blockchain pero hable el idioma de las finanzas.

Adopción minorista: Acceso sin caos

Pero la accesibilidad no se trata solo de tecnología — se trata de experiencia. Para la mayoría de los usuarios minoristas, las finanzas ya están digitalizadas a través de apps fintech como Revolut, Robinhood o Cash App. El siguiente salto no es hacer estas plataformas “más digitales”, sino hacer que sean nativamente interoperables con infraestructura blockchain, permitiendo a los usuarios moverse sin problemas entre activos fiduciarios y onchain sin necesidad de entender tarifas de gas, frases semilla o IDs de cadena.

Aquí es donde fintech lleva ventaja. Ha perfeccionado la UX como confianza. A los usuarios no les importa qué base de datos contiene su dinero; les importa ver su saldo, hacer clic una vez y saber que funciona. Los datos muestran que el 73% de los usuarios cambian de banco por una mejor experiencia, mientras que la UX cripto está en una profunda crisis.

Llevar fintech a la onchain debe preservar ese contrato psicológico. La incorporación debe ser invisible. La claridad regulatoria, visible. Cuando el usuario promedio pueda comprar bonos del Tesoro tokenizados desde su app fintech habitual, ver cómo el rendimiento crece con transparencia y confiar en que las mismas protecciones para inversores se aplican que en los mercados tradicionales, esa será la verdadera adopción onchain, que dejará de ser especulativa. Se convertirá en habitual.

Adopción institucional: La revolución silenciosa

Mientras tanto, los actores institucionales han pasado del escepticismo a la experimentación cautelosa. Los fondos tokenizados de BlackRock, la red Onyx de JPMorgan y los fondos blockchain de Franklin Templeton son signos tempranos de un cambio más amplio: las mayores máquinas financieras del mundo están probando silenciosamente cuánto de sus operaciones pueden trasladarse a la onchain sin repercusiones regulatorias o riesgos operativos.

Para ellos, no es ideología. Es eficiencia. La infraestructura blockchain puede reducir costos de conciliación, mejorar la velocidad de liquidación y desbloquear nuevos modelos de liquidez. Pero las instituciones no se mueven por ideales; se mueven por cumplimiento y rendimiento.

Para llevar fintech completamente a la onchain, las instituciones necesitan la seguridad de que los beneficios de TradFi —marcos legales claros, custodia robusta y mecanismos de recurso— no desaparecen en la traducción. Esa es la verdadera doble cara de la accesibilidad.

Las mismas herramientas que hacen las finanzas más abiertas pueden hacerla más frágil si se despliegan sin medidas de protección.

La doble cara: Regulación y tecnología

Hacer los mercados de capital más accesibles requiere caminar por una cuerda floja entre dos imperativos: regulación y tecnología.

Por un lado, está la regulación: la maquinaria lenta y necesaria que garantiza la confianza. Sin ella, ninguna institución migrará a la onchain, ni ningún usuario minorista arriesgará sus ahorros allí. Los activos tokenizados necesitan estatus legal. Los contratos inteligentes, aplicabilidad. Los stablecoins, respaldo claro.

Por otro lado, está la tecnología: la innovación que hace que la transición valga la pena. Si la infraestructura onchain simplemente replica la burocracia de TradFi con más jerga, la promesa de accesibilidad muere en papeleo de cumplimiento.

El objetivo es el equilibrio: regulación que proteja sin sofocar, y tecnología que libere sin desestabilizar.

Por eso las arquitecturas híbridas — que combinan transparencia onchain con controles off-chain — están ganando terreno. El futuro no es una anarquía descentralizada; es regulación programable. Cumplimiento incorporado en el código. Sistemas de identidad que preservan la privacidad y satisfacen KYC. Liquidez que fluye libremente pero dentro de perímetros definidos.

La verdadera barrera no es el código — es la cultura

La transición más difícil no será técnica. Será cultural. Las finanzas siempre han funcionado con base en la confianza, y la confianza se construye con hábito. Para los reguladores, blockchain todavía parece extraño, arriesgado e incontrolable. Para los constructores nativos de cripto, la regulación todavía se siente como una amenaza a la innovación. Ambos lados están equivocados.

La verdadera accesibilidad llegará no cuando eliminemos TradFi, sino cuando la integremos, cuando fintech, blockchain y regulación dejen de ser narrativas en competencia y empiecen a formar una narrativa compartida.

Se necesitarán nuevos tipos de alianzas: entre bancos y protocolos, auditores y oráculos, reguladores y desarrolladores. Se precisará un lenguaje que tanto los usuarios minoristas como los responsables políticos puedan entender. Y requerirá humildad de todas las partes, porque aún no existe un mapa completo de esta transición.

El futuro está en la onchain, pero no en ‘cripto’

La próxima evolución de fintech no será “cripto-ficada”. Estará en la onchain — transparente, interoperable y componible — pero construida para servir a las necesidades humanas e institucionales, no a memes o ciclos de hype.

Este futuro no será como el verano DeFi. Se parecerá a tu banco, tu corredor y tu cartera fusionándose en una interfaz única donde el valor se mueve sin fricciones entre clases de activos y jurisdicciones.

Cuando eso suceda, la distinción entre fintech y cripto desaparecerá. Simplemente volveremos a llamarlo finanzas — reconstruidas, reestructuradas y funcionando en la cadena.

Al final, llevar fintech a la onchain no es solo una mejora técnica. Es una mejora filosófica. Se trata de ampliar el acceso sin perder confianza, innovar sin abandonar la regulación y modernizar los mercados de capital sin borrar la necesidad humana de seguridad.

Ese equilibrio — entre apertura y orden — decidirá si esta próxima era de las finanzas cumple su promesa o repite las mismas exclusiones bajo una blockchain más brillante.

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